El Niño y Pecas: inseparables
El Niño · el segundo en llegar, junto a su amigo del alma
Después de Keiko, El Niño fue el segundo en llegar. Y nunca llegó solo: siempre estuvo junto a su amigo inseparable, Pecas. Desde la calle ya eran uña y mugre, y hasta hoy casi nunca se les ve por separado.


Antes de entrar a la casa, El Niño se asomaba por la ventana y veía a Keiko del otro lado, adentro. Se buscaban el uno al otro, cada quien de su lado del vidrio.


Ya lo conocían a él y a su mamá, así que poco a poco El Niño y Pecas empezaron a acercarse más y más, hasta que un día los dejé pasar un rato para que jugaran con Keiko.

De tanto jugar con Keiko se fueron quedando. Lo que empezó como visitas cortas acabó siendo su casa.

Cómo se le sigue ayudando
Por temporadas, El Niño se desaparecía varios días y luego volvía así, con la patita inflamada. Con el tiempo entendí que esa era su forma de pedirme ayuda: se iba, y cuando algo andaba mal, regresaba a buscarme.

Una de esas veces llegó muy mal: no podía ir al baño y se quejaba de dolor. Fue la primera vez que se dejó agarrar. Antes nunca lo permitía. Aproveché y me lo llevé directo al veterinario. Gracias a eso le salvamos la vida.


Desde ese día, El Niño y Pecas se quedaron para siempre. El Niño incluso subió de peso, y hoy es un gato feliz.


Lo que se vende en Yinkira es lo que paga consultas como la de El Niño. Más comida, más veterinario, más gatos que alcanzan a llegar.


