Compañero de casa

El Niño y Pecas: inseparables

El Niño
El Niño · el segundo en llegar, junto a su amigo del alma
El Niño, el gato que llegó después de Keiko

Después de Keiko, El Niño fue el segundo en llegar. Y nunca llegó solo: siempre estuvo junto a su amigo inseparable, Pecas. Desde la calle ya eran uña y mugre, y hasta hoy casi nunca se les ve por separado.

El Niño y Pecas juntos en la calle
En la calle, siempre los dos juntos
El Niño y Pecas dormidos uno junto al otro
Inseparables, hasta para dormir

Antes de entrar a la casa, El Niño se asomaba por la ventana y veía a Keiko del otro lado, adentro. Se buscaban el uno al otro, cada quien de su lado del vidrio.

El Niño afuera de la ventana y Keiko asomándose desde adentro
El Niño afuera, Keiko asomándose desde adentro
El Niño asomado a la ventana de noche, queriendo entrar
De noche, asomándose hacia adentro como queriendo entrar

Ya lo conocían a él y a su mamá, así que poco a poco El Niño y Pecas empezaron a acercarse más y más, hasta que un día los dejé pasar un rato para que jugaran con Keiko.

El Niño, Pecas y Keiko juntos en la torre junto a la ventana
El Niño, Pecas y Keiko, ya los tres juntos y hechos bolita

De tanto jugar con Keiko se fueron quedando. Lo que empezó como visitas cortas acabó siendo su casa.

El Niño durmiendo profundamente y relajado en casa
Hoy duerme profundo, tranquilo, sabiendo que está a salvo

Cómo se le sigue ayudando

Por temporadas, El Niño se desaparecía varios días y luego volvía así, con la patita inflamada. Con el tiempo entendí que esa era su forma de pedirme ayuda: se iba, y cuando algo andaba mal, regresaba a buscarme.

El Niño con la patita inflamada, debajo de la mesa
Volvía así, con la patita inflamada · su forma de pedir ayuda

Una de esas veces llegó muy mal: no podía ir al baño y se quejaba de dolor. Fue la primera vez que se dejó agarrar. Antes nunca lo permitía. Aproveché y me lo llevé directo al veterinario. Gracias a eso le salvamos la vida.

El Niño recibiendo cuidados en el veterinario
En el veterinario, donde le salvamos la vida
El Niño ya esterilizado, recuperándose
También lo esterilizamos · cuidarlo también es eso

Desde ese día, El Niño y Pecas se quedaron para siempre. El Niño incluso subió de peso, y hoy es un gato feliz.

El Niño y Pecas hoy, de lado, juntos en el sillón
Hoy · El Niño y Pecas, tan unidos como siempre
El Niño y Pecas hoy, de frente, en el mismo sillón
El mismo sillón, ahora mirando de frente

Lo que se vende en Yinkira es lo que paga consultas como la de El Niño. Más comida, más veterinario, más gatos que alcanzan a llegar.

El Niño mirando a la cámara, con cara de agradecimiento
Y así nos sigue viendo hoy

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