Keiko, el primero

Keiko · el gato que le dio cara a Yinkira

Yinkira empezó por un gato. Antes del logo y antes de la primera playera, hubo un gatito que se quedó sin familia de una noche a otra. Se llama Keiko y sigue aquí.
Keiko nació en la calle. Su mamá era blanquita, y tenía hermanos: uno negro con rayas naranjas y otros amarillos. Todos llegaban a la puerta de mi casa a comer y a dormir ahí. Yo les ponía plato todos los días.


Una noche atacaron a la familia. De toda la camada quedó uno, un bebé. Alcancé a sacarlo y me lo metí a la casa. Ese es Keiko.
Yo no era de gatos. Keiko fue el primero que adopté, y los primeros meses fueron duros: estaba espantado, extrañaba a los suyos y no se dejaba tocar. Tardó en confiar. Cuando por fin lo hizo, ya no hubo para atrás. Ese gato terco me cambió la cabeza.

Por él entendí lo que es andar allá afuera sin nadie. Empecé a darle de comer a los que llegaban, a meterlos cuando hacía frío, a quedarme con los que ya no se querían ir. En parte para que Keiko no volviera a estar solo.
En qué se va el dinero
El logo es él. Su silueta es la que va en cada playera que sale de aquí.


Vender playeras es lo que paga las croquetas. También el veterinario, las esterilizaciones y las curaciones de los que llegan lastimados de la calle.
Así que cuando me compras algo, además de tu diseño estás pagando el plato de otro gato que anda allá afuera. Ese es todo el discurso que tengo.

